Pensamiento Simiente del 18 de abril de 2016: Sobre la verdadera sensibilidad y cómo manifestarla

Barna

“La mayoría de los humanos tienen buen corazón y son sensibles, pero tienen una curiosa manera de mostrar esta sensibilidad. Si ven en el cine o en el teatro a un niño abandonado o mal tratado, o a gente muriendo de hambre, o perseguida, derraman fácilmente algunas lágrimas. Pero si, al salir del espectáculo, pasan delante de un mendigo cuya apariencia miserable debería atraer su mirada y suscitar su compasión, ni si quiera se dan cuenta de él. Y una vez han regresado a su casa, zarandean a sus hijos, no les escuchan cuando tienen necesidad de atención y de ternura. Sí, es extraordinario, son sensibles en el cine o en el teatro, se enternecen y lloran, pero en la vida, ante el mismo espectáculo, a menudo cierran sus ojos y su corazón.

Los humanos tienen aún mucho que aprender sobre la verdadera sensibilidad y cómo manifestarla. ¿Cuántos son sensibles a la belleza del mundo divino, y experimentan al contemplarla tales emociones que todo su ser, trastornado, renace purificado, regenerado?”

Omraam Mikhaël Aïvanhov (1900-86), Pensamientos cotidianos, Editorial Prosveta. Imagen: Parc de la Ciutadella, Bercelona, 16 abril 2016 (cortesía de Carmen Torres)

Más información en la página de la Fundación Ananta:
http://www.fundacionananta.org

4 Respuestas a “Pensamiento Simiente del 18 de abril de 2016: Sobre la verdadera sensibilidad y cómo manifestarla

  1. ¿Y esto por qué será?

    • Puede ser que el cine incida más en el aspecto sensiblero de la situación real. En el cine acompaña una música que nos toca la fibra, y las cosas se dicen a veces, suavizadas para que nos “entren” más fácilmente y nos ablanden.

      La vida real es más dura, más cruda, no hay bandas sonoras que vayan a ganar ningún premio y los actores son personas de la calle, sin maquillar y sin interpretar….y esa realidad, por lo que se nos presenta como espejo, nos cuesta más mirarle de frente.

      Digo yo…

  2. Ya… puede ser…

    • En la vida “real”, esos espejos en forma de realidad cruda, no llaman nuestra atención por el miedo que tenemos a enfrentarnos a ellos, en realidad nos escondemos de esas realidades por lo que pueden representar.

      Nuestro interior, el obre, el que mendiga, el que no tiene techo ni hogar y es violento o sufre, se revuelve, porque no sabemos cómo afrontarlo.

      Por eso miramos para otro lado, como si no fuera con nosotros.

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