Una Reflexión Primaveral (8-6-16): Sobre los árboles

arbolazozo

Cada día tengo más claro que a los árboles no les hace ninguna gracia que los humanos les abracemos.

Primero, para ellos somos unos perfectos desconocidos que casi, sin pedir permiso, pisamos sus raíces e invadimos un espacio vital que no es el nuestro, en aras de abrazar y sentir la energía de su tronco, de sus ramas, de todo su ser.

Nosotros, en la mayoría de los casos, nos sentimos, después de tan agradable encuentro, más reconfortados, más felices y satisfechos porque hemos percibido la energía de otro ser vivo. Pero, ¿te has parado a pensar, o alguna vez te has preguntado siquiera, cómo se pueden sentir ellos?.

O lo que es lo mismo, ¿te abrazarías tú a cualquier persona que te lo propusiera?, ¿aguantarías un abrazo tras otro, dando con ello un poco de tu energía a todos los que te lo pidieran?. En este sentido, sólo conozco en el mundo una persona que sea capaz de hacerlo, Madre Amma, pero esa es otra historia.

Por eso te propongo dos maneras distintas, por lo menos para mi lo son, de relacionarse con los árboles.

La primera viene de la mano del místico Omraam Mikhaël Aïvanhov, quien señala:

“Cuando paseéis por el bosque, acercaos a un árbol y decidle: «Tú que sirves de unión entre la tierra y el cielo, ¡qué grandes son tu belleza y tu fuerza! ¡Te pido me des tu resistencia y tu estabilidad! Y te encargo también que digas a todos los demás árboles del bosque que les admiro y les amo.»

Entonces, los espíritus que habitan en este árbol se dicen: «La mayoría de los humanos que visitan los bosques están ciegos y son inconscientes. Pero éste, al entrar, ha sentido nuestra presencia: es un amigo, acojámosle.» Y como ello sucede muy raramente, comunican esta noticia de árbol en árbol; todos los espíritus salen de su cobijo para miraros, maravillarse, bailar a vuestro alrededor, y os vais del bosque felices y regenerados.”

La segunda es una bendición muy sencilla. Tiene su origen en la Sanación Pránica Violeta

Te acercas a un árbol grande y robusto, de cierta edad  y, sin tocarle,  te diriges a él diciéndole:

“¡Oh árbol divino!. Ambos somos creaciones divinas. Por favor, dame algo de tu exceso de energía para sanarme y rejuvenecerme. Gracias, gracias, gracias.”

En ningún caso es mi intención obligar a nadie a cambiar su forma de relacionarse con los árboles, ni que lo vaya a poner en práctica inmediatamente.

Es sólo una reflexión.

Pero a lo mejor, desde ahora, si les otorgamos a los árboles el espacio que se merecen desde el respeto y la consideración, nuestra relación con ellos se vuelve más intensa y gratificante.

Bendiciones.

Arjun Liébana. Madrid, 8 de junio de 2016

Nature Sound 16 – THE MOST RELAXING SOUNDS –

4 Respuestas a “Una Reflexión Primaveral (8-6-16): Sobre los árboles

  1. Muy interesante este punto de vista!!!

    • Lo llevo poniendo en practica desde hace ya algo más de dos semanas y mi relación con los árboles ha cambiado totalmente….a mejor.

      Siento que no soy tan invasivo ni intrusivo con ellos.

      Y recibo más por lo mismo: por respetar su espacio, su lugar y su energía vital.

  2. Lo pienso poner en práctica!! Y a ver si noto cambios como tú… Pues yo también me he dedicado a ir “abrazando árboles sin permiso” 😉
    Y ahora que tengo la oportunidad de crecer con un angelito (en forma de niña pequeña) al lado, soy más sensible a este tipo de reflexiones, que yo en muchos aspectos similares a este que comentas sobre los árboles y el acercarnos a ellos con más respeto y “pidiendo permiso”… lo estoy valorando y haciendo más consciente en mi proceder con los niños… Creo que me explico, no sé! Vaya, que con los peques también creo que muchas veces somos invasivos y poco respetuosos hacia su persona con “nuestro intervencionismo adulto”.
    🙂

    • De verdad que vas a notar algo distinto, Isa.Todo está en consonancia con la relación que hayamos mantenido hasta ahora con los árboles.

      Este fin de semana lo he pasado en el campo, y en el lugar donde estaba había muchos árboles, pero especialmente había una higuera inmensa, con sus años bien asentados.

      En otra circunstancia mi reacción hubiera sido lanzarme a darle un abrazo y sentir esa energía seguramente centenaria, pero no lo hice.

      Sencillamente me puse a dialogar con ella y le pedía por favor si podía compartir conmigo su exceso de energía.

      La sensación, con ese sol de junio de primera hora de la mañana acariciándonos a los dos fue muy especial, de verdad te lo digo.

      Y estoy deseando que me cuentes tu experiencia nueva.

      Luz de junio para todos.

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