Una Reflexión Estival (26-7-16): Los calores

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Hará unos diez días o así, me fui de viaje a Palencia a ver a mi familia. La idea original era que la visita fuera de las rápidas rapidísimas. Hacer la revisión trimestral de los implantes dentales, saludar a algunos de mis hermanos, comer con mis sobrinos, pasear por la orilla del río y de vuelta en el día para Madrid.

Resolver todo lo que he señalado en menos de once horas no perjudicaría el estado de salud de las plantas, que aguantarían de sobra con el agua con que las había regado la noche anterior. En pleno mes de julio, ese es un dato muy a tener en cuenta.

El caso es que, una vez en mi ciudad natal, las cosas no es que se empezaran a complicar; no, porque cuando estás en familia, bien avenido y a gusto con los tuyos, lo que te apetece es dejarte llevar, y decir que sí a todo lo que te vayan proponiendo.

Así es que siendo consecuente con esta máxima, no regresé a Madrid hasta pasados tres días y medio largos. Y la verdad, estuve tan a gusto con mi gente, y conmigo mismo, que, siendo sincero hasta la médula, ni me acordé del riego de los balcones.

Una vez en casa, me encontré con lo que era de esperar. Los calores acrecentados durante los días del Carmen, habían transformado el vergel en una imagen semi desértica y árida: unos cuantos arbolitos presentaban sus hojas resecas por las altas temperaturas.

Después del disgusto inicial, donde lo primero que haces es lamentarte por el descalabre de los tiestos, piensas que todo en la vida tiene arreglo y esto de lo que escribo, por supuesto, también. Y añades: ¡faltaría más!.

Con lo cual llevo ocho día o así, regando los tiestos a diario, incluso echando más cantidad de agua de lo normal, porque yo sé, que aunque el panorama no sea el más idílico de todos los posibles, sí es de los más esperanzadores.

Y como la esperanza es lo último que se pierde, hoy, en mi riego matinal, me he encontrado que todos los arbolitos perjudicados por la sequía impuesta están echando brotes nuevos. Lo que quiere decir, que no sólo no se han muerto, sino que siguen vivos y muy vivos.

La conclusión para mi está muy clara: La Naturaleza siempre apuesta por la vida, siempre.

Además, me queda por añadir otro detalle.

Esta misma mañana, una amiga mía a la que le gusta plantear preguntas claras, breves y concisas, -de las de elegir entre dos opciones, por ejemplo- esta amiga mía, como digo, ha formulado un dilema muy sencillo.

A través de las redes sociales  ha pedido que nos decidamos entre el delfín y el caballo.

Mi respuesta ha sido clara e inmediata: he escogido el mamífero oceánico porque su pureza surcando el agua hace que se acreciente mi amor por la vida.

E inmediatamente también, me han venido a la cabeza todos los brotes de todas las hojas de todos los árboles que han elegido salir de nuevo a vivir y a disfrutar.

Y me lo he vuelto a repetir emocionado: la Naturaleza siempre apuesta por la vida.

Y yo también.

Arjun Liébana. Madrid, 26 de julio de 2016

MUSICA DE SANACION CON SONIDO DE DELFINES

Una respuesta a “Una Reflexión Estival (26-7-16): Los calores

  1. Cuanto aprendizaje se encierra en esta experiencia de vida. Aprendizaje por saber estar entre los míos.

    Aprendizaje también por dejarme fluir y disfrutar de esos momentos cotidianos, con unos niños, en una plaza o paseando por una calle a la sombra de los calores de julio.

    Aprendizaje…<3❤❤❤❤

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